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Sangre y arena

Autor: Vicente Blasco Ibáñez. Título: Sangre y arena

Sangre y arena

De gran éxito en su época, Sangre y arena es una novela de Vicente Blasco Ibáñez publicada en 1908 e inspirada parcialmente en la vida del torero sevillano El Espartero, muerto por una cogida en la plaza de toros de Madrid en 1894. Como en todos los días de corrida, Juan Gallardo almorzó temprano. Un pedazo de carne asada fue su único plato. Vino, ni probarlo: la botella permaneció intacta ante él. Había que conservarse sereno. Bebió dos tazas de café negro y espeso, y encendió un cigarro enorme, quedando con los codos en la mesa y la mandíbula apoyada en las manos, mirando con ojos soñolientos a los huéspedes que poco a poco ocupaban el comedor. Hacía algunos años, desde que le dieron «la alternativa» en la Plaza de Toros de Madrid, que venía a alojarse en el mismo hotel de la calle de Alcalá, donde los dueños le trataban como si fuese de la familia, y mozos de comedor, porteros, pinches de cocina y viejas camareras le adoraban como una gloria del establecimiento. Allí también había permanecido muchos días —envuelto en trapos, en un ambiente denso cargado de olor de yodoformo y humo de cigarros— a consecuencia de dos cogidas; pero este mal recuerdo no le impresionaba. En sus supersticiones de meridional sometido a continuos peligros, pensaba que este hotel era «de buena sombra» y nada malo le ocurriría en él. Percances del oficio; rasgones en el traje o en la carne; pero nada de caer para siempre, como habían caído otros camaradas, cuyo recuerdo turbaba sus mejores horas. Su orgullo de ídolo de las muchedumbres creía adivinar elogios y halagos en estas miradas. Le encontraban guapo y elegante. Y olvidando sus preocupaciones, con el instinto de todo hombre acostumbrado a adoptar una postura soberbia ante el público, erguíase, sacudía con las uñas la ceniza del cigarro caída sobre sus mangas y arreglábase la sortija que llenaba toda la falange de uno de sus dedos, con un brillante enorme envuelto en nimbo de colores, cual si ardiesen con mágica combustión sus claras entrañas de gota de agua. Sobre la novela se han realizado varias películas, entre ellas, Sangre y arena (1916), fue rodada por el mismo Blasco Ibáñez con la ayuda de Max André. Esta primera versión fue restaurada en 1998 por la Filmoteca de la Generalitat Valenciana (España).

A Juan Gallardo, torero de España, la vida parece haberle sonreído. Aquel chico pobre de Sevilla que se escapaba para torear en las ferias, se había abierto camino como valiente novillero. Después triunfó como matador, despertando el entusiasmo del público. Ahora lo tiene todo: fama, dinero, tierras, mujeres a sus pies y una esposa enamorada y comprensiva. Pero conoce a Doña Sol que se convierte en su amante y todo cambia.

Sangre y arena, de Vicente Blasco Ibáñez. Ficha técnica:

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Ana Karenina

Autor: León Tolstói. Título: Ana Karenina

Ana Karenina

Ana Karenina, dama de la alta sociedad rusa, casada con un funcionario de San Petersburgo, llega a Moscú con una misión especial: su hermano Stiva le pide que le ayude a hacer las paces con su esposa, que acaba de enterarse de que él le ha sido infiel con la institutriz de los niños. En el camino Ana conoce a una señora que va a Moscú a visitar a su hijo, el apuesto conde Wronsky. En la estación de ferrocarril, Anna conoce al conde, quien le atrae desde el primer instante y él, en ese momento, queda perdidamente enamorado de Ana Karenina. Mientras tanto, un amigo de la infancia de Stiva, Lyovin llega a Moscú para proponer matrimonio a la hermana menor de Dolly, Kitty. Ésta le rechaza esperando una oferta de matrimonio del oficial Vronsky. Pero a pesar de tener cierto interés por Kitty, él no piensa casarse con ella. Al contrario, se enamora de Anna, después de conocerla en la estación de tren de Moscú y bailar juntos una mazurca en una fiesta. Tras arreglar los problemas familiares de su hermano, Ana Karenina se marcha a San Petersburgo para evitar el incremento de los celos de Kitty, la hermana de Dolly, quien estaba enamorada de Wronsky. Éste al enterarse de que Ana se ha marchado a San Petersburgo decide ir tras ella en el mismo tren, donde se encuentran y él le declara su amor. Ana trata de rechazarlo, intentando controlar los sentimientos despertados por él en ella. En San Petersburgo, Wronsky sigue buscando el amor de Ana, que, poco tiempo después, se lo concede. En esos momentos la pasión desenfrenada de ambos no tenía tiempo ni lugar y buscan cualquier instante para encontrarse. La relación existente entre ambos no pasa desapercibida en la sociedad, lo que hizo que Karenin, esposo de Ana, sospeche del romance. Karenin decide enfrentar la realidad, preguntándole a Ana si existe algo entre ella y el conde, a lo que ella responde con evasivas. Meses después, Ana queda embarazada de Wronsky; lo que la sume en un estado de profunda depresión.

Resulta evidente, al comparar la biografía del autor con el tortuoso devaneo mental que sigue su héroe, entiéndase Lyovin, para llegar a la felicidad completa, que la crítica resulta también en una autocrítica, que avanza repasando la vida del autor, desde su juventud, bastante liberal en lo que a valores se refiere, hacia su adultez y madurez. Surge un paralelo entre Tolstói y Lyovin, quien encuentra en la vida campestre el disfrute que no encontró nunca en los placeres usuales con los que se divertía la aristocracia rusa (la ópera, las tertulias sociales, incluso los conciertos con música de Wagner, lo que le resulta incomprensible, por citar algunos ejemplos). Se dice que Lyovin es el mismo Tólstoi, y que relata su propia experiencia personal.

Ana Karenina, de León Tolstói. Ficha técnica:

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La barraca

Autor: Vicente Blasco Ibáñez. Título: La barraca

La barraca

En la Valencia rural de finales del siglo XIX tienen lugar los acontecimientos que se narran en La barraca, describiendo con precisión las duras condiciones de vida de la población campesina y agricultora. La novela, del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, narra las peripecias de una familia campesina para sacar adelante su trabajo con la oposición y el odio del resto de los habitantes de la aldea. El tío Barret se ve imposibilitado de seguir trabajando la huerta que habían cultivado sus antepasados durante generaciones al no poder pagar el arrendamiento al propietario de la tierra, D. Salvador. Como consecuencia, todos los vecinos de la aldea, con Pepeta y Pimentó a la cabeza se conjuran para impedir que nadie vuelva a trabajar en esa parcela. Hasta que llega Batiste y su familia (su mujer Teresa y sus hijos Roseta, Batistet y Pasqualet) que, acuciados por la necesidad, se instalan en la finca y acceden a pagar el arrendamiento correspondiente para poder cultivar el terreno. A partir de ese momento se verán infatigablemente acosados por el resto de la comunidad, que los acusa de plegarse a las exigencias del terrateniente perjudicando con ello los intereses del colectivo. El hostigamiento llega a su punto culminante cuando los hijos pequeños de la familia Batiste tienen un enfrentamiento con otros niños de la aldea, como consecuencia del cual el pequeño Pasqualet termina falleciendo. Un sentimiento de culpa y compasión invade la comunidad. Pero será temporal. Batiste se enfrenta a Pimentó en una trifulca tabernaria y pocos días después, al ser Batiste disparado, responde hiriendo de muerte a su agresor, el mismísimo Pimentó. Las represalias no tardan en llegar: La barraca donde habitan los Batiste se incendia y ellos se ven en la obligación de abandonar para siempre el pueblo.

Los diarios de Madrid anunciaron que en París se había publicado la traducción de La Barraca, con un éxito editorial enorme y grandes elogios por parte de la crítica. Casi de inmediato, la tirada en España pasó de los primeros setecientos a los más de cien mil ejemplares, amén de todas las ediciones que circularon por América sin el permiso del autor. Al final, traducida a varias lenguas, La Barraca no tardó en alcanzar la inaudita cifra del millón de ejemplares vendidos en una época en la que tales cantidades eran insólitas, como insólito fue que aquel valenciano anarquista y proletario acabase multimillonario, vendiendo los derechos de algunas de sus obras a Hollywood o percibiendo mil dólares de la época por la publicación de sus artículos en los diarios de los Estados Unidos.

La barraca, de Vicente Blasco Ibáñez. Ficha técnica:

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Amaury

Autor: Alejandro Dumas. Título: Amaury

Amaury

No se podría imaginar una narración con los mejores ingredientes de Dumas para el más intenso romanticismo intercalado de tragedia y comedia. Grandes pasiones, deseos reprimidos, desvanecimientos, enfermedades incurables, palideces, amores más allá de la muerte, duelos ridículos. Las jóvenes mujeres languidecen en los salones, vigiladas por ayas inglesas, mientras bordan y suspiran por el amor de su vida. El tema genérico es el de los celos, la acción se sitúa en las afueras de París entre 1838-1839. En Amaury, Dumas hace una disección de los celos, y todos sus personajes caen en estas emociones inconfesables que el autor considera indignas. Amaury es también de gran interés por ser el único intento de Dumas en crear una novela epistolar. La novela se abre con un grupo de aristócratas que conversan en una tertulia. Uno de ellos hace la pregunta: ¿Se muere de amor? En respuesta, muestra un manuscrito que pretende ser el diario y las cartas de la familia del difunto señor d’Avrigny, viudo y médico de la corte del rey, que cuentan la romántica historia de Amaury de Léoville, un joven rico y huérfano que vive con el doctor d’Avrigny, y sus dos amores: Madeleine y Antoinette. Una historia interesante, ya que bascula entre la visión del padre y el amante, a través de los pasajes de sus diarios, en contraste con la versión de Antoinette, a través de las cartas que intercambió con Amaury.

Existe en Francia una cosa tan peculiar, tan genuina del carácter nacional, que con dificultad se encuentra en otro país cualquiera: la conversación, en cuya especialidad no hay nadie que pueda competir con los franceses. En el resto del globo se discute, se argumenta, se perora; sólo en Francia se conversa por costumbre. (Amaury)

Amaury, de Alejandro Dumas (padre). Ficha técnica:

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El origen de los incas

Autor: Garcilaso de la Vega. Título: El origen de los incas

El origen de los incas

En los albores del siglo XVI encontramos una fecha que entronca dos mundos, dos mentalidades, dos culturas: 1492. Su vinculación significa que no existe una ruptura entre las dos partes, sino que una es preparación de la siguiente. Y así lo podemos comprobar en los tres apartados mencionados. La fecha de 1492 significa en primer lugar un eslabón que une el Mundo Antiguo y conocido con el Mundo Nuevo o ignorado. No obstante, esto no significa que se desconociera su existencia. Por el Libro de las Profecías que usaba Colón, podemos observar las anotaciones que el marino hizo en su lectura. Entre las observaciones hay constancia de que Cristóbal Colón vivía sumido en las noticias transmitidas desde la Antigüedad de un mundo más allá del Atlántico. La madre del Inca Garcilaso, Isabel Chimpuocllo, era una princesa inca, hija de un principal llamado Hualipa Tupac Inca y nieta de Huayna Capac Inca (o Atahualpa), último rey del Imperio. El encomendero Garcilaso se enamoró de ella, pero los conquistadores españoles sólo se casaban con hijas o hermanas de los incas, e Isabel era descendiente de una rama lateral y arruinada. Sin embargo, Isabel siempre fue muy considerada por Garcilaso y hacía los honores de la casa, atendía a los huéspedes más calificados y mantenía correspondencia, inclusive con el obispo fray Juan Solano. De estos amores nacieron dos hijos: una niña y un niño al que se le impuso el nombre de Garcilaso Chimpuocllo. Así pues, nuestro autor es hijo natural y mestizo, entronque de dos grandes familias. En seguida nos damos cuenta de que nos hallamos ante una personalidad de alta alcurnia, mezcla de dos razas bravas y de cultura milenaria. No nos tiene, pues, que extrañar que el joven Garcilaso se sintiera atraído por las letras, y menos todavía, que aplicara su mayor celo hacia la civilización que veía desaparecer a pasos gigantescos: la cultura inca, el origen de los incas.

Garcilaso de la Vega, el Inca, autor de El origen de los incas, nació en Cuzco, Perú, el 12 de abril de 1539. Era hijo de padre español y madre inca. Su padre, Garcilaso de la Vega Vargas, nació en 1500, en Badajoz; hijo de una hidalga familia extremeña, descendiente de Garci Pérez de Vargas, el mejor auxiliar del rey Fernando III el Santo en la conquista de Sevilla.

El origen de los incas, de Garcilaso de la Vega. Ficha técnica:

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